Preámbulo #1: Después de la guerra
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Lupen y su compañero regresan a la Feria Mágica al cruzar el portal, el cofre firmemente sostenido entre sus manos.
Mientras caminan, una pregunta los persigue: ¿por fin tendrán una pista más clara para encontrar a Deckster? Con cautela, comienzan a abrir el cofre. La expectativa es tal que apenas notan algo más… En la distancia, entre luces apagadas y carpas silenciosas, la figura tenebrosa que siempre había rondado la feria —y que los había seguido desde su llegada— se aproxima, oculta en la oscuridad. Lupen y su compañero lo perciben al mismo tiempo.
Se giran abruptamente.
La sombra crece.
Se estira.
Se vuelve enorme.
Hasta que… ¿¡Se tropieza?!
En el suelo yace una chica de cabello rojo carmesí, brillante y larguísimo, con un sombrero de bruja torcido hacia un lado. Levanta la cabeza. La caída le ha lastimado un poco la nariz; una gota de sangre aparece… y acto seguido, rompe en llanto.
Desconcertados, Lupen y su compañero la ayudan a sentarse. Se presentan ante ella y le ayudan a incorporarse con cuidado. Aún confundidos, le preguntan por qué los estaba persiguiendo.
Ella, entre sollozos, responde: —Desde que llegaron a la feria, supe que ustedes eran como yo. Hace poco hice una lectura de mi tarot… y me confirmó que ustedes son mi destino. Los vi entrar a una carpa… y luego desaparecer. Quise ir con ustedes, pero llegué demasiado tarde al salto de juego.
—¿Salto de juego? —preguntan ambos al unísono.
—Sí… salto de juego —responde ella—.
¿O no saben lo que es? Se incorpora un poco, se seca las lágrimas y sonríe levemente.
—Mi nombre es Nélida Valéz —dice con orgullo—, y soy una bruja… juis juis juis.
Lupen intercambia una mirada con su compañero mientras hacen muecas de sonrisa falsa y luego el comenta: —Ya que haces lecturas… ¿por qué no nos ayudas a encontrar a un amigo? Lo estamos buscando desde que llegamos a la feria. Nuestra única pista es este cofre.
Finalmente, lo abren por completo. Dentro hay una sola cosa. Una herradura. Los ojos de Nélida se abren de par en par; recuerda entonces que, mientras los seguía entre las sombras, alcanzó a ver un poni en el establo. En ese momento sacó su tarot y le pidió al otro chico que sacara una carta. Lo que apareció no fue cualquier carta. Era un arcano mayor: El Carruaje. —Esto es definitivo —dice Nélida con firmeza—. Debemos ir al establo… si queremos más pistas.