Preámbulo #2: El poni ganador

Preámbulo #2: El poni ganador

Preámbulo #2

El poni ganador

El establo no estaba en silencio.

Al contrario.

Apenas Lupen, su compañero y Nélida cruzaron la valla de madera, el aire se llenó de voces, risas y gritos de emoción. Faroles colgados a distintas alturas iluminaban el lugar con una luz cálida y temblorosa, y una multitud se agolpaba alrededor de una pequeña pista circular improvisada entre pacas de heno.

—Esto… no es lo que esperaba —murmura el compañero de Lupen.

En el centro del recinto, una minicarrera de ponis estaba a punto de comenzar.

Pequeños, robustos y adornados con cintas de colores, pateaban el suelo con nerviosismo mientras sus cuidadores ajustaban arneses diminutos y carritos aún más pequeños. El público vitoreaba, levantando tickets de la feria como si se tratara de un evento deportivo de alto nivel.

Los ojos de Nélida brillan.

—¡Es una carrera oficial! —dice emocionada—. ¡¡¡Y puedo participar por tickets!!!

Sin pensarlo demasiado, saca un pequeño fajo de tickets doblados cuidadosamente entre su mazo de tarot.

—Los gané ayudando en lecturas estos días —explica—. ¿Apostamos?

El compañero de Lupen sonríe apenas.

—Si estamos aquí por pistas… supongo que el azar también juega?— Lupen dice con poca seguridad en su tono de voz.

El silbato suena. Los ponys arrancan. La multitud estalla.

Gritos, risas, reclamos. El suelo vibra con cada vuelta. Un poni color crema, con una mancha oscura en la frente y un pequeño cascabel atado al cuello, toma la delantera casi de inmediato.

—¡Ese! —señala Nélida—. ¡Es muy lindo! ¡Me encanta! ¡Por ese, por ese!

La carrera se vuelve intensa. Por un instante, dos ponis empatan, pero en la última curva el color crema acelera con una energía inesperada y cruza la meta entre vítores.

Los tickets cambian de manos. Nélida ríe triunfante.

—Definitivamente, los más tiernos siempre ganan —dice, guardando las ganancias.

Cuando el bullicio comienza a disiparse, Lupen se acerca a un hombre mayor apoyado en la baranda del establo. Tiene una barba negra y larga, las manos llenas de polvo, una linterna colgada al cinturón y la mirada de alguien que ha visto demasiadas historias empezar y terminar ahí mismo.

—Buscamos a alguien —dice Lupen—. Un zorro mago. Se llama Deckster.

El hombre no responde de inmediato. Observa al pony ganador, que ahora bebe agua con calma, ajeno al ruido.

—Estuvo aquí —dice finalmente—. No hace mucho.

Lupen y su compañero intercambian una mirada.

—¿Está seguro?

—Más de lo que quisiera —responde el organizador—. ese zorro es un viejo conocido de aqui, de hecho… fue él quien estuvo alimentando al poni ganador hace unos días. Siempre volvía al final de la jornada. Decía que los campeones nunca comen solos.

El silencio cae entre ellos.

—¿Podemos pasar? —pregunta Lupen—. Queremos verlo de cerca.

El hombre asiente y abre la pequeña puerta lateral que conduce a los espacios privados del establo.

—Pero no tarden —advierte—. Algunos lugares… no olvidan fácilmente a quienes los cuidan.

El aire huele a heno fresco… y a algo más. Algo familiar.

En el rincón donde duerme el pponiganador, el suelo está limpio, como si alguien hubiera estado allí recientemente. Sobre una caja de madera descansan restos de comida cuidadosamente ordenados… y, entre ellos, un espacio para una herradura.

Lupen lo reconoce al instante y decide poner la herradura que traian en el espacio.

—No se fue —susurra—. Pasó por aquí.

—Y si estuvo aquí… significa que un nuevo juego está a punto de iniciar —pronuncia Nelida entre dudas y emoción.

El cascabel del poni suena una sola vez. Un nuevo portal de juego se abre ante ellos...

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